Biografía
Jose Ángel López Revilla Doce, conocido artísticamente como Revilla XII, nació en Salinas de Pisuerga (Palencia) en 1954. Burgalés de vocación. A los diecinueve años realizó su primera exposición con temas mineros y desde entonces ha realizado más de una docena de muestras individuales.
En Burgos fundó y dirigió una Galería de Arte y ha permanecido siempre al margen del llamado mundillo artístico luchando siempre por vivir de y para la pintura completando como puede su formación artística autodidacta.
Ha viajado a París y Centroamérica, Panamá, donde la selva contrasta con el brochazo de los grandes océanos.
En 1987 realizó un Récord Mundial pintando 22.022 óleos sobre papel de 15x10cms en 30 días consecutivos; siendo insólito entró en el libro Guiness y el Libro Mundial de los Récords Ed. Maeva.
En 2010 decició apoyar la candidatura de Burgos como Capital Europea de la Cultura con otro reto de pintura en vivo, “2016 rostros para Burgos” que consistió en 2016 óleos con diferentes rostros en el plazo de una semana, siete días consecutivos.
Ha participado durante varios años en el Mes del Barroco en la Colegiata de Lerma, ciclos de conciertos e intervenciones artísticas durante estos en los que pintaba un cuadro a lo largo de cada concierto entre órganos e instrumental Barroco.
Su pintura evoluciona reflejando siempre sus característicos trazos y paletas de colores, en un comienzo abstracta introduciendo poco a poco figuras humanas formando parte de mobiliario.

Textos y artículos
Ese mozo pluvial que se derrama
sobre las blancas páginas del frío;
pincel de amor, con vocación de río,
río de luz, con vocación de llama;
este alambre con barba que se inflama
cuando oye la palabra desafío,
y que llena los predios del vacío
con una luz purísima de dama
quiere contar por miles el invento
de devolver al mundo lo que ignora
antes que la vesania lo destroce
y deja en cada cuadro un pensamiento,
una sonrisa mínima que llora,
una sonrisa de REVILLA XII
Tino Barriuso

Sobre Revilla
Corría 1974 y Jose Ángel Revilla al que tuve la fortuna o desgracia de conocer en una exposición colectiva, me decía por lo bajines, como siempre dice él las cosas, “Franco es un hortera”.
Inventaba de “crío” en su feliz infancia con su abuela, y sigue inventando dolos “enredaderas” en una sociedad no precisamente ajena a los dols y a las maniqueas manías de estar por debajo de su nivel de creación y no por encima de cualquier cabezón.
Futurista… porque dice él, siempre por lo bajines, “es más bonito un bólido a doscientos kilómetros por hora que toda la capilla sixtina”.
No exento de guasa, “por mi han dado plantón al Rey”, y luego vas y te enteras y te lo crees. Revilla XII es un argumento para el cómic Revilla XII. Nada gregario, esotéricamente brujo, magníficamente descarado, a veces, es un personaje con poder de convocatoria y generoso, muy generoso.
Como pintor son de destacar esos ambientes abuhardillados, aristocráticos -elitistas- bohemios, que lo mismo pueden sorprendernos por su inverosimilitud que por su originalidad, amigo de sus amigos, “hombre de Panamá”. Se caracteriza sobre todo porque no será enterrado en el pabellón de “bobos ilustres” de próxima creación municipal, eso queda para otros.
Aristócrata, pincel de gran ritmo e “inteligencia” no brillan por su ausencia.
Juan Alcubilla.
Publicado en la revista Cantarranas, Burgos.

Decorador de sueños
Anda como de puntillas por la vida, levanta apenas la voz, sabe lo que quiere y adonde va, ofrece lo que tiene y pide turno para exponer sus ideas, esquemáticas como su pintura -antes geométrica, hoy ritmo y pirueta de su fantasía- que se decora con la pátina del color sancionado con su firma, propia de un Papa o de un Rey.
Se han dicho cosas muy importantes de Revilla XII, a pesar de su juventud, y no por cualquiera, precisamente. Impresiona a Luis Valente el humanismo de sus recursos, considerando que su visión pictórica no es sino la cruda e intransferible plasmación de un universo latente. Tina Pastor le tilda de original, encontrando en su obra un entronque con las raíces mismas del arte abstracto sin ofrecer imitaciones. Para Bouza su pincel convierte el capricho en concepto, la diversión en belleza, lo lúdico en arte formal.
No cesa con estos elogios la exaltación del pintor. Pablo Ocumena adivina en su obra caminos que nacen y mueren en sí mismos hechos con sinceridad y limpieza. Garciano Peraíta se vió de pronto “con alas y gozó de paraísos” cuando escaló un día hasta el ático de Revilla afanoso de triunfo, a media tarde cuando había ciudad por todos sitios.
Pero dejemos hablar al que pinta:
“Mi estilo -ha dicho- es futurista, constructivista y geometrista. He pasado del expresionismo a la abstracción. Ahora hago una pintura preciosista- La gente se queda con el color, sólo vé la anécdota, pero no se da cuenta de que hay realidades que no son objetivas, que el espectador no suele ver y si hablas de ello te toman por loco”.
Tiene razón José Ángel, pues que él percibe la sensación del mundo que lleva dentro y lo vuelca en el lienzo, donde el color es tan sólo la capa de la ilusión que crece o disminuye en intensidad, según el decorado de cada ensueño. Se muestra, no obstante, definitivamente equilibrado, superado el deslumbramiento que le produjo su vida en la mina. ¿Fué por eso que sus ojos habituados a la oscuridad ofrecían entonces tan sólo chiribitas encendidas que durante mucho tiempo llegaron a caracterizar su obra? Probablemente…
Ahora ya, habituado a la luz, transporta con fé la inspiración que busca y elabora conscientemente en su ático cercano a la Catedral, que huele “a compromiso y a pintura caliente”.
Jesús María Jabato SaroRevista Cantarranas

